El masaje erótico

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Últimamente no he parado de ver información a mi alrededor y tener contacto con la idea de los masajes eróticos y el tantra. No os pasa a veces que parece que un tema os persigue? Yo creo que como estoy tan centrada en los autocuidados y el quererme bien, las señales se hacen más visibles. Sea como sea, la cuestión es que no tenía mucha idea de en qué consistían uno y otro o si realmente eran lo mismo. Siempre me han llamado la atención aunque tengo que confesar que tampoco había hecho mucho por averiguar al respecto . Os pregunté en redes qué pensábais vosotros del tema y éstas son algunas de las respuestas que recibí:

“Recibir placer y liberar cuerpo y mente”

“Masajes relajantes y sensuales, un buen preliminar”

“Tiene algo que ver con el sexo tántrico?”

“Una forma de relajarte dando placer erótico con o sin penetración”

“Erotizar todo el cuerpo”

La palabra “tantra” en sí, ya nos remite a pensar en algo erótico así que la asociación es fácil pero hay una diferencia que se podría resumir diciendo que el masaje tántrico incluye el erótico, pero el masaje erótico no incluye el tántrico.

El masaje tántrico es un ritual para despertar y usar la energía sexual y expandirla por todo el cuerpo armonizando los chackras y purificando los canales energéticos del cuerpo, sin necesidad de tocar los genitales; y el masaje erótico, aunque pretende también despertar la energía sexual, consiste en la búsqueda del placer, el orgasmo y la eyaculación por medio de masajes y caricias relajantes y sensuales por todo el cuerpo incluyendo los genitales.

Existen centros y masajistas que se dedican a ofrecer este tipo de masajes. Así como uno puede ir a darse un masaje cuando tiene una contractura, me parece una idea estupenda el también poder acudir a un masajista en caso de que:

– Queramos regalarnos un rato de sensualidad y goce

-Cuando queramos descubrir o ampliar conocimientos sobre nuestra propia sexualidad y zonas erógenas.

-Por probar algo nuevo.

Las posibilidades que nos puedan empujar a ir son infinitas y válidas por igual; yo solo he enumerado algunas de ellas; pero sobretodo creo que es interesante  verlo como un medio para desembarazarnos de inseguridades, miedos, represión sexual y muchas creencias negativas que acarreamos sobre la sexualidad por la falta de educación en condiciones al respecto y que desembocan en carencias afectivas y emocionales para con nosotros mismos y con los demás.

Los masajes eróticos son un buen vehículo para dejar volar a nuestros sentidos y rendirnos al placer más físico.

Palabras como contacto, tocar, palpar, rozar tienen un efecto sexual inmediato en nuestros oídos y  activan nuestra imaginación con escenas o recuerdos de lo más sugerentes; pero como pasa siempre, de la teoría a la práctica hay un trecho y vivimos en una sociedad en la que muchos evitamos por inercia tocarnos o ser tocados aunque anhelemos ese contacto. No escuchar lo que nos pide nuestro cuerpo conlleva a desconocer una parte importante de nuestros gustos.

He tenido la suerte de poder conversar con un masajista erótico y que me explicara tanto en qué consistía su tarea, curiosidades y preferencias  acerca de sus clientes como probar en mis carnes ( y nunca mejor dicho) la experiencia.

Primero de todo cabe decir que cada masaje, cada sesión es única y personal; que se adapta a los gustos del clientes y sobretodo a sus límites. Antes de empezar la sesión me comenta que es conveniente charlar un rato para; a parte de distender el ambiente; saber cuales son mis gustos, que es lo que espero de la sesión, que me lleva allí y hasta dónde quiero llegar.  No puedo decir si en todos los centros o todos los masajistas siguen estos pasos porque lo desconozco pero él sí que lo hace. Me dice que a algunas de sus clientas ( hablo en femenino porque la mayoría son chicas), les gusta recrear fantasías cuando van a visitarlo como por ejemplo simular que han ido a una sesión de masaje descontracturante y que entre tanto roce y tanto aceite se les va de las manos. Las hay que, aún yendo por iniciativa propia prefieren vendarse los ojos para que la vergüenza no interfiera y por contra las más desinhibidas que no le quitan ojo a cada movimiento que él hace.

La habitación está perfectamente aclimatada, la poca luz que hay la proporcionan unas velas estratégicamente colocadas y un olor dulce flota en el ambiente. En el  centro una camilla donde me dispongo a tumbarme. Pienso que claro, es importante estimular todos los sentidos y no solo mi cuerpo así el deseo se dispara no sólo gracias al contacto de sus manos. El mero hecho de verter el aceite de almendras templado sobre mi piel cobra nuevos significados y una vez bien cubierta empieza a masajear mi piel sin dejarse ni un centímetro por explorar. Su actitud es segura, serena y respuetuosa y cada movimiento que hace está cargado de intención. Me confiesa que uno de los secretos para que la sesión se desarrolle lo mejor posible es hacer de ello un disfrute propio; si disfrutas lo que haces, la otra persona lo nota. No puedo estar más de acuerdo con él.

El masaje no es sólo erótico; se convierte en un acto consciente, sensorial y sensual de exploración propia, de ir hacia adentro, de encontrarte y conocerte. De quererte y mimarte.

Obviamente es una práctica estupenda para llevar a cabo también con nuestra pareja o con quien queramos pero, ¿Por qué no regalarnos un ratito para estar con nosotres mismes?.

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